Historia de Tenerife

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Historia precolonial

 Artículo principal: Guanche

La isla de Tenerife, estaba habitada antes de la conquista castellana por los guanches, los cuales denominaban a su isla Chinet o Achinet. Los guanches debieron llegar a Tenerife en un período comprendido desde antes del siglo V a.C. hasta el comienzo de la Era Cristiana. Durante casi dos mil años, poblaron la isla y trataron de adaptarse a sus particularidades medioambientales hasta que en 1496 fueron sometidos por las tropas españolas.[1]

Organización política anterior a la conquista

La sociedad guanche estaba dividida en estratos definidos por la riqueza, en cabezas de ganado especialmente y el acceso a determinados recursos, diferenciándose por un lado los menceyes y achimenceyes y por otro el pueblo o achicaxnas. El nombre original guanche de la isla era Achinet o Chenet. Unos cien años antes de la conquista, existía un mencey llamado Tinerfe el Grande, hijo del Mencey Sunta. Tinerfe tenía su corte en Adeje hasta que sus nueve hijos se rebelaron y se repartieron la isla en 9 menceyatos y 2 achimenceyatos independientes (llamados capitanías por los conquistadores). Los menceyatos y sus menceyes (por orden de descendencia) fueron los siguientes:

También se encontraba el Achimenceyato de Punta del Hidalgo gobernado por Aguahuco (el "Hidalgo pobre", hijo ilegítimo del Gran Tinerfe) y Zebenzui.

En cuanto a las creencias, la religión guanche era politeísta aunque el culto astral estaba generalizado. Junto a él había una religiosidad animista que sacralizaba ciertos lugares, fundamentalmente roques y montañas. Entre los principales dioses guanches se podrían destacar; Achamán (dios del cielo y supremo creador), Chaxiraxi (diosa madre identificada más tarde con la Virgen de Candelaria), Magec (dios del sol) y Guayota (el demonio) entre otros muchos dioses y espíritus ancestrales. Especialmente singular era el culto a los muertos, practicándose la momificación de cadáveres.

Lugares de interés arqueológico

La isla cuenta además con varias zonas arqueológicas de esta época anterior a la conquista. Por lo general, este patrimonio lo representan cuevas rupestres que si bien están repartidas por toda la geografía insular, la mayoría se encuentran en la vertiente meridional. Entre ellas se podría citar la Zona Arqueológica Los Cambados y la Zona Arqueológica de El Barranco del Rey ambas en el municipio de Arona.[2] También podríamos destacar la Cueva de Achbinico (primer santuario cristiano de Canarias, de época guanche-castellana)[3] y lugar este donde han aparecido diversos utensilios arqueológicos de época guanche muy anteriores a la conquista.[4] Otro lugar de gran interés arqueológico es el Macizo de Anaga, esta zona de la isla es uno de los lugares más ricos en hallazgos arqueológicos de Canarias.[5] Se han hallado gran cantidad de momias guanches en este lugar así como cuevas con algunos restos de animales momificados, y piedras con inscripciones como la llamada "Piedra de Anaga".[6] Al otro lado de la isla en el municipio de El Tanque se encontró otra piedra con inscripciones la "Piedra Zanata" que parece haber estado relacionada con el mundo mágico-religioso de los guanches.[7] Además en la isla se encuentran las controvertidas Pirámides de Güímar, de las cuáles hay muchas hipótesis sobre su construcción, aunque aún no se ha dado una definición oficial sobre su origen.


Conquista

Conocida por los romanos como Nivaria (del latín nix, nivis, "nieve"), en clara referencia a las nieves posadas sobre el volcán conocido como el Teide. El nombre de la isla también guarda relación con el volcán, ya que fue puesto por los benehaoritas (aborígenes de La Palma): "Tene-" (montaña) "-ife" (blanca), la castellanización del nombre provocó que se añadiera una -r para unir ambas palabras quedando Tenerife. Para los nativos de Tenerife, la isla era conocida como Chenech, Chinech o Achinech.

En diciembre de 1493, Alonso Fernández de Lugo obtuvo de los Reyes Católicos la confirmación de sus derechos de conquista sobre la isla de Tenerife. En abril de 1494, y procedente de Gran Canaria, desembarcó el conquistador en la costa de la actual Santa Cruz de Tenerife con una tropa de peninsulares y canarios (gomeros y grancanarios, sobre todo) formada por unos dos mil hombres de a pie y 200 a caballo. Tras levantar un fortín se dispuso a adentrarse hacia el interior de la isla.[8]

Los menceyes de la isla de Tenerife tomaron distintas posturas en el momento de la conquista. Se constituyeron así el bando de paz y el bando de guerra, integrado el primero por los menceyatos de Anaga, Güímar, Abona y Adeje, y el segundo por Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute. El bando opositor se enfrentó tenazmente a los castellanos de modo que la conquista tinerfeña se prolongó durante dos años. Las tropas castellanas sufrieron una derrota a manos de los guanches en la Primera Batalla de Acentejo en 1494. Sin embargo, los guanches, superados por la tecnología y por las nuevas enfermedades a las cuales no eran inmunes, cayeron frente a las tropas de la Corona de Castilla en la Batalla de Aguere y en la Segunda Batalla de Acentejo culminando la conquista en septiembre de 1496.Error en la cita: Código de apertura <ref> sin su código de cierre </ref>

Tras un siglo y medio de relativo crecimiento alrededor del año 1670 el complicado comercio exterior del sector vitivinícola propicia la emigración de muchas familias especialmente hacia Venezuela y Cuba. Además por esas fechas surge el interés por parte de la Corona de poblar aquellas zonas vacías de América a fin de evitar su ocupación por otras potencias como había ocurrido en el caso de los ingleses con Jamaica o los franceses con las Guayanas o el oeste de La Española, de manera que también importantes remesas de canarios y entre ellos tinerfeños parten hacia el nuevo destino colombino. La creciente agricultura cacaotera en Venezuela y tabaquera en Cuba, de finales del siglo XVII y principios del XVIII, contribuyó a la despoblación casi íntegra de localidades como Buenavista del Norte, Vilaflor o El Sauzal. Testigo de la historia emigrante de la isla es la fundación en las afueras de Santo Domingo del poblado de San Carlos de Tenerife en 1684. Este poblado fundado esencialmente por tinerfeños se creó con un claro objetivo estratégico ya que permitía preservar la ciudad del asedio de los franceses establecidos en la parte occidental de la isla de La Española. Entre 1720 y 1730 fueron trasladadas por la Corona 176 familias canarias, entre ellas numerosas tinerfeñas a la isla caribeña de Puerto Rico. En 1726, en torno a 25 familias isleñas emigraron a América para terminar fundando la ciudad de Montevideo. Cuatro años más tarde, en 1730, partió otro grupo que, al año siguiente, fundaría la ciudad de San Antonio de Texas, (Estados Unidos). Luego, entre 1777 y 1783, el puerto de Santa Cruz de Tenerife despide a los fundadores de San Bernardo, en el estado de Luisiana, y también a algunas remesas con rumbo a Florida.[9]

Desafortunadamente, debido a los problemas económicos derivados de la escasez de materias primas y de la lejanía con respecto a Europa, la emigración al continente americano, eminentemente a Cuba y Venezuela, continuó en los siglos XIX y principios del XX. Desde hace décadas, con las nuevas políticas de protección de la economía canaria y con el auge de la industria turística la dinámica migratoria se ha invertido, y hoy es Tenerife la que atiende el retorno de estos isleños, sus descendientes y otros inmigrantes perdurando así el influjo que germinó cinco siglos atrás.[9]

Erupciones volcánicas históricas

Las erupciones volcánicas acontecidas en Tenerife de las que se tiene indudable constancia histórica se limitan a cinco. La primera de ellas fue en 1492 en Volcán Boca Cangrejo que fue observada por Cristobal Colón. La siguiente ocurrió en el año 1704, cuando entraron en erupción, de forma sincrónica, los volcanes de Arafo, Fasnia y Siete Fuentes. Dos años más tarde, en 1706, tuvo lugar la erupción de mayor magnitud de las históricas al entrar en erupción el volcán de Trevejo. Éste arrojó grandes cantidades de lava que sepultaron la ciudad y puerto de Garachico, en aquel entonces el más importante de la isla. La última erupción volcánica del siglo XVIII se produjo en 1798 en las Cañadas de Teide, concretamente en Chahorra. Finalmente, en 1909 la actividad eruptiva irrumpió en el volcán de Chinyero, en el municipio de Santiago del Teide. Posteriormente a esa fecha y hasta la actualidad no se han producido nuevas erupciones en la isla. Además, a pesar de la naturaleza absolutamente volcánica de Tenerife, los cinco episodios eruptivos históricos no han ocasionado víctima mortal alguna.[10]

Historia reciente

Otros visitantes menos hostiles llegarían a la isla en siglos sucesivos. El naturalista Alexander von Humboldt ascendió el pico del Teide y comentó en la belleza de la isla. Numerosos turistas comenzaron a visitar Tenerife a partir de la década de 1890, especialmente las ciudades norteñas de Puerto de la Cruz (primer municipio turístico de Tenerife mediante orden ministerial del 13 de octubre de 1955 que lo declaró ’Lugar de Interés Turístico’) y Santa Cruz de Tenerife.

Antes de subir al poder, Francisco Franco fue destinado a Tenerife en marzo de 1936 por el Gobierno Republicano, el cual era temeroso de su influencia militar y política a modo de alejarlo de los centros de poder. En el Monte de La Esperanza en el municipio tinerfeño de El Rosario, Franco organizó la conspiración militar que daría lugar a la Guerra civil española y posterior caída de la II República Española. Las Islas Canarias cayeron bajo el bando de los nacionales en julio de 1936 y su población sufrió las masivas ejecuciones a opositores del nuevo régimen fascista. En los años 50, la miseria de los años de la posguerra hizo que miles de tinerfeños emigrasen a América latina, principalmente a Cuba y Venezuela.

La colisión ocurrida el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos, situado en el norte de la isla, era el desastre mortal de aviación más importante de la historia hasta los atentados del 11 de septiembre de 2001.


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