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Tea

De EnciclopediaGuanche

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La Tea proviene del corazón del pino canario, este pino produce dos tipos de madera, la madera blanca y la de tea. La madera blanca es la más corriente, de un color blanco ligeramente rojizo, con el duramen y la albura perfectamente diferenciados al igual que los anillos primaverales y otoñales, esta madera es semipesada y semidura, de estructura homogénea y de grano fino. La madera enteada es de color uniforme fuertemente acaramelado; duramen y albura perfectamente diferenciados y translúcida al despiece. Es una madera muy pesada y dura, de estructura homogénea y grano muy fino.

La madera de tea por su resistencia al paso del tiempo se usa en ebanistería, talla, y carpintería de taller; también se usó durante mucho tiempo en la construcción de veleros y de techumbres de viviendas, iglesias y otros edificios civiles. Los emplares más viejos son los conocidos como "pinos de tea" que son cada día más escasos debido a lo demandada que está su madera, que es de gran calidad.

La madera del pino canario muestra un marcado contraste entre la albura, o parte exterior, y el duramen, o parte interior. La primera es blanda y de color blanco-amarillento; la interior, llamada tea, es muy resinosa y de color rojo acaramelado. La tea es prácticamente incorruptible, y siempre ha sido muy apreciada en construcción, tanto de interiores (vigas, techumbre, escaleras, suelos) como de exteriores (canales de agua, balcones, contraventanas, terrazas). Los pinos de las zonas altas, secas y frías, presentan mayor volumen de tea que los de las zonas inferiores, más cálidas y húmedas. Antaño las cumbres isleñas estaban pobladas por pinos gigantescos, pero casi todos fueron talados a raíz de la conquista, precisamente por las magníficas cualidades de la tea. Es fama que con la madera de un solo pino se cubrió la primitiva iglesia de Los Remedios, la actual catedral de La Laguna, de 20 m de largo por 12 m de ancho, y con la de otro se fabricó toda la celda provincial del convento de San Francisco, en La Orotava.

Según Le Canarien. la crónica de la conquista normanda de principios del siglo XV, las montañas de las islas más altas estaban cubiertas por grandes bosques de pino, algunos “tan gruesos y altos que maravilla”. En 1464, mucho antes de que Tenerife fuese conquistada, Diego de Herrera, Señor de Lanzarote y Fuerteventura, estableció un pacto con los menceyes guanches que le permitió sacar madera y pez de los pinares que, por aquel entonces, se extendían por el Sur hasta los alrededores del actual casco urbano de Santa Cruz. Según la tradición, algunas antiguas construcciones de las islas orientales aún conservan en su estructura tablones de tea procedentes de pinos tinerfeños de aquella época.


La pez o brea era una mezcla de resina y cenizas que se obtenía quemando troncos de pino tea en unos hornos de piedra construidos en medio de los pinares. Esta especie de alquitrán, que en Europa se extraía de otras coníferas, se había utilizado desde tiempos remotos en el calafateo de embarcaciones de madera, esto es, para impermeabilizar el casco y sellar las junturas del armazón. Fue un producto imprescindible en la navegación hasta bien entrado el siglo XIX, cuando comenzó la fabricación en serie de barcos de casco metálico. En Canarias, la explotación de la pez fue una de las principales causas de la destrucción de los pinares naturales. Refiriéndose a La Palma, el portugués Gaspar Frutuoso escribía a finales del siglo XVI que un horno podía producir hasta 100 quintales de pez, “y a veces arden cinco o seis hornos juntos”. El rendimiento de estos hornos, algunos de los cuales aún se conservan en buen estado, era muy bajo, ya que apenas llegaba al 10 %. Para obtener un kilo de pez era necesario quemar más de 10 kilos de tea. Se estima que, sólo en Tenerife, la producción de pez entre los siglos XVI y XVIII rondaba los 30.000 quintales al año, lo que significa que unas 150.000 toneladas de tea desaparecían anualmente. Sin duda, fue un gran negocio para algunos, pero un auténtico desastre para los pinares canarios.

Los pinos de las cumbres tienen más tea que los que crecen en las regiones inferiores. Sin embargo, muchos ejemplares de las zonas bajas son ricos en resina y, por el contrario, otros de zonas altas apenas la producen. Esto se debe, entre otras razones, a las condiciones microclimáticas propias de cada lugar, algo que parece lógico dada la variada topografía isleña y que, además, se ha comprobado científicamente14. Como esa diferencia era importante, sobre todo para los comerciantes de tea y para los pegueros, personas dedicadas al negocio de la pez, durante mucho tiempo se creyó que en Canarias existían dos especies diferentes de pino. Uno se conocía como “pino manso”, y era esbelto, de porte piramidal y madera blanda; el otro, llamado “pino tea”, era más bien rechoncho, de porte aparasolado y madera resinosa. El porte, en realidad, apenas servía para distinguirlos, y los leñadores necesitaban “catarlos”, esto es, darles unos cuantos hachazos en el tronco para comprobar si tenían suficiente tea y valía la pena talarlos.

Todos los botánicos europeos que visitaron las islas. Algunos pensaron que pertenecían a especies ya conocidas, como el pino negral (Pinus nigra), el silvestre (Pinus sylvestris), el marítimo (Pinus pinaster) o el carrasco (Pinus halepensis). Alexander von Humboldt, sin embargo, observó que los pinos canarios eran bastante peculiares. El sabio alemán consultó sus dudas con De Candolle, uno de los grandes botánicos de la época, quien le confirmó que nuestro pino no tenía nada que ver con las especies citadas hasta entonces. Por otro lado, Humboldt había recomendado al geólogo alemán Leopold von Buch que visitara las Canarias, lo que hizo en 1815 en compañía del botánico noruego Christen Smith. Y fue precisamente Smith quien describió por primera vez el pino canario como nueva especie para la ciencia, dándole la denominación de Pinus canariensis. Ya había fallecido cuando su descripción fue publicada en marzo de 1825. De Candolle, que seguramente tuvo en cuenta la información facilitada por Humboldt, publicó en junio de ese mismo año un artículo donde también daba a conocer el nuevo pino, al que bautizó con idéntico nombre científico18. En realidad, no hubo ningún plagio y ambos botánicos llegaron por diferentes caminos a la misma conclusión. Como las normas del Código Internacional de Taxonomía Vegetal establecen que tiene preferencia la primera descripción publicada, actualmente se le atribuye a Christien Smith la “paternidad” del nombre científico del pino canario.

Pero la duda sobre la existencia en Canarias de dos especies diferentes de pino no quedó zanjada, y el propio Smith incluso planteó esa posibilidad. En cualquier caso, hoy en día se considera que se trata de una sola especie, pero muy variable.

El pino siempre ha estado presente en la vida cotidiana de los canarios. Antaño les proporcionó leña para cocinar y calentarse, madera para construir casas, iglesias, barcos, muebles, cajas, lagares, canales de agua, carretas, aperos de labranza y muchas más cosas. Con sus palos fabricaron lanzas para defenderse y andar por riscos y barrancos, se alumbraron con haces de tea, curaron algunas enfermedades con su resina, y con la pinocha rellenaron colchones, hicieron estiércol y protegieron las manillas de plátanos para que llegaran en perfectas condiciones a su destino. Antes de la conquista, los antiguos canarios se alimentaron con sus piñones. y utilizaron la resina, entre otros productos, para momificar a los muertos. En lengua bereber, la palabra tayda significa pino. y es posible que algunos topónimos aborígenes, como Teide y Taiga, en Tenerife, o Taidía, en Gran Canaria, hagan referencia a estos árboles.

Extraído de Lázaro Sánchez Pinto. Conservador de Botánica del Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife, de su publicación en http://www.rinconesdelatlantico.com/num4/18_pinocanario.html

La Tea fue también labrada hasta conseguir hacer tajeas, canales por donde circularía el agua, estos canales fueron muchos sustituidos por piedra de cantería. Como ocurriría en el canal que recorre unos 8 kilometros desde su origen en la galería de Madre del Agua hasta los Chorros en la Villa de Arico. Su uso como paso de agua también fue utilizado para crear abrevaderos para los animales naciendo lo que se conoce como dornajo o abrevadero al que los ganaderos acudían a diario con sus animales a abrevar, siendo normalmente públicos y estando cerca de fuentes para el llenado del agua.